Mentes criminales… ‘made in Spain’


Juan Enrique Soto, en el centro, junto con su equipo de la Policía Nacional

8 JUN. 2017

La Guardia Civil fue pionera al contar con estos profesionales desde 1994

Su función es elaborar un perfil para orientar las investigaciones

“Papá, mamá, quiero ser perfilador criminalístico“. Esta conversación imaginaria ya no es extraña en España pues los análisis de conducta son cada día más fundamentales en las técnicas policiales. Una importancia que las series y la ficción han multiplicado hasta el infinito.

En Sin rastro (CBS), una unidad del FBI formada por psicólogos investigaba qué había sido de un desaparecido. En Hannibal (NBC), se asistía a la precuela del mítico profesor Lecter antes de El silencio de los corderos, así como su relación con el departamento de ciencias del comportamiento del FBI. Pero ha sido sin duda Mentes criminales (CBS) -y todos sus spin-off– la serie que ha catapultado la figura del perfilador policial. ¿Cuál es la realidad más allá de la ficción?

Es habitual ya que los jueces españoles consulten a los policías de la conducta, y así quedó plasmado en las Primeras Jornadas de Perfilación Criminal organizadas por la Universidad a Distancia de Madrid el pasado febrero. Se fían de su criterio y, por eso, les reclaman tanto en la instrucción como en el juicio.

De la mano de los dos líderes de las unidades de análisis de conducta de Policía Nacional y Guardia Civil EL MUNDO se adentra en su trabajo en España y las diferencias con las series americanas. Lo primero que destaca es que son grupos pequeños, casi una familia. En ambos casos son cinco personas y los dos tienen sede en sus comisarías centrales y actúan sobre toda España.

La Guardia Civil fue pionera en estas lides y tiene unidad desde 1994, mientras que la Policía Nacional lo tiene desde 2010. Tienen la maleta permanentemente preparada para ir allá donde sus compañeros les reclamen. Estos policías sólo actúan a demanda de los agentes que investigan el caso o a demanda de un juez; nunca motu proprio.

“Normalmente, nos llaman para homicidios o agresiones sexuales“, explica Andrés Sotoca, capitán responsable de la Sección de Análisis del Comportamiento Delictivo de la Guardia Civil. “Desde Desapariciones también nos reclaman porque, al final, muchas acaban siendo homicidios”, añade Juan Enrique Soto, inspector jefe de la Sección de Análisis de Conducta de la Policía Nacional.

Al contrario que la imagen que muestran las series norteamericanas, las mentes criminales españolas no hacen perfiles únicamente para encontrar al autor de un hecho sino que, principalmente, ayudan a sus compañeros en detenciones e interrogatorios.

Una vez han recibido las diligencias del caso que han elaborado sus compañeros, estos especialistas las analizan con otra mirada, la del experto en conducta. En concreto, son dos los agentes asignados en cada caso y, para evitar sesgos y conseguir que su análisis sea objetivo, trabajan por separado. “Estudiamos la información e intentamos aislar el comportamiento del autor en los hechos”, ahonda al respecto Sotoca.

Cómo elaborar un perfil

¿En qué se fijan para hacer un perfil? Profundizan en cuatro áreas: víctima, escena del crimen, modus operandi y autor o firma del criminal. Sobre todo ello, elaboran sus hipótesis mediante un método científico y en absoluto improvisado. Cada indicio se registra en tablas específicas según el área que le corresponda. “No nos inventamos nada, no ponemos nada por escrito que no tenga fundamento en algún dato del caso”, explica el responsable de la Policía Nacional, Juan Enrique Soto.

Por ejemplo, los perfiladores pueden ver con otra mirada una misma evidencia física: el arma del crimen. Lo que hace un agente ordinario es buscar huellas, pero un criminólogo investigará si se trató de un arma de oportunidad, de un objeto que estaba por allí “o si la llevaba encima, cosa que implicaría premeditación”, matiza Sotoca.

En una segunda fase, se entrevistan con las víctimas y se desplazan al lugar de los hechos, pero nunca son los primeros en llegar. He aquí una primera gran diferencia con la ficción. No son los psicólogos españoles los primeros en llegar sino los agentes de la zona; ellos levantan el cordón policial. “Llegar los primeros sería lo ideal”, dice el capitán Sotoca, “pero es muy raro”.

“En el caso Arriate, en el que una niña de 13 años desapareció, mientras tomábamos declaraciones a los menores apareció el cadáver. Es decir, estábamos in situ. Pudimos ver la escena del crimen y dimos un perfil concreto: el criminal era un joven de su entorno”. Y acertaron.

Pero un perfil da únicamente un prototipo de persona, no un individuo único. Las mentes criminales no dan nombre y apellidos, eso también queda para las películas. Tal como dice Sotoca, «la técnica sólo permite dar un circulo reducido en el que, luego, los investigadores podrán concretar quién es el autor. El perfil no va a servir para condenar a nadie sino para orientar». Un perfil que, al ser científico, luego se puede llevar a juicio. “Nuestros informes en tribunales son potentes y hemos logrado un 100% de condenas en los casos en que se ha usado”, asegura Soto.

Ayuda en el interrogatorio

Hasta aquí la tarea puramente de perfilado, esto es, la que se desarrolla cuando no hay autor conocido. Pero la mayoría de intervenciones que hacen estos expertos sirve para analizar la conducta de un detenido. Otra diferencia, las mentes criminales españolas no detienen, lo hacen los policías encargados del caso. Los expertos en análisis de conducta, como máximo, les asesoran a la hora de enfocar ese trámite.

“En la serie, ellos son los que ponen los grilletes y esto para nosotros es impensable. Una vez que entregamos la hipótesis nuestro trabajo acaba”, matiza Soto. Esto es así porque en Mentes criminales sus protagonistas hacen una doble función: la de perfilador y la de policía investigador, una licencia que se ha permitido la ficción, porque ni siquiera en Estados Unidos se trabaja así. “La serie está asesorada por el FBI”, cuenta Sotoca, pero su realidad no es ésa, trabajan como nosotros: hacen un informe y luego son los investigadores los que detienen.

¿Cómo ayudan en el interrogatorio de un detenido? Puede ser en persona, como hace la Guardia Civil, o a distancia. La Policía Nacional se conecta por ordenador con sus compañeros y ve por webcam cómo se produce. “A través de un chat interno vamos dando indicaciones al interrogador” cuenta el inspector jefe Soto.

“Luego analizamos esa grabación, devolvemos a los investigadores nuestro análisis y les damos hipótesis sobre si el detenido está siendo sincero o no”, añade. ¿En qué se fijan? En el discurso y, sobre todo, en la comunicación no verbal.

La gran diferencia de los expertos en conducta españoles con los norteamericanos está en el tipo de criminal al que se enfrentan. ¿Por qué se inventaron la figura de perfilador en EE.UU.? “Ellos tenían un problema grave de asesinatos en serie y tuvieron esta idea, que les ayudó”, asegura el responsable de la Guardia Civil. Aquí, los asesinos en serie son una rareza.

Por eso, la manera de perfilar es diferente. “Como máximo, en España hay un asesino en serie cada cinco años», dice Sotoca. Su colega de la Policía Nacional, Soto, le da la razón: “El FBI tiene una base de datos tan grande que, cuando aparece un asesinato nuevo, el sistema les devuelve la hipótesis del perfil más probable.

Lo único que ellos hacen es comprobar si el perfil estadístico de la máquina encaja con el crimen”. En España, en cambio, se trabaja caso a caso. Y en el resto de Europa los agentes trabajan de manera similar a la española.

¿Beneficio o perjuicio?

¿Y el hecho de que estas series expliquen el trabajo de los expertos, les beneficia o perjudica? Para el inspector jefe Soto, lo malo es que se genera una imagen que no se corresponde con la realidad, así como “el prejuicio de ser muy peliculeros y que, en un juicio, el abogado defensor del criminal intenta colgarnos. Pero nosotros lo desmontamos rápidamente al demostrarles que nuestro trabajo es riguroso y científico”, asegura.

El capitán Sotoca cree, en cambio, que más que la ficción les perjudican los programas informativos que dan demasiadas pistas sobre las investigaciones. Pone como ejemplo el reciente show mediático alrededor del caso Diana Quer. “No sólo nos pasa a nosotros sino que en Reino Unido hay estudios que demuestran que, ahora, la gente sabe tanto de técnicas policiales que limpia las escenas del crimen o comete violaciones con preservativo para no dejar huella de ADN”.

La parte positiva es la inmensa marea de vocaciones que se está generando. Los dos jefes de conducta españoles saben que, cuando van a una universidad a dar una charla, a la salida van a tener una cola de alumnos preguntando qué hay que hacer para ser como ellos. De hecho, la mitad del equipo actual de análisis de Policía Nacional son personas a las que su hoy jefe despertó la vocación en una charla en la facultad. Pero no es fácil. Además de ser psicólogo o criminólogo, para trabajar en ciencias del comportamiento hay que ser, obviamente, policía. Es decir, se trata de una doble carrera. El país está en buenas manos porque todas nuestras mentes criminales tienen másteres y doctorados en psiquiatría. Así que si su hijo le dice “mamá, quiero ser perfilador” vayan avisándole de que va a tener que estudiar bastantes años.

Los perfiles, caso a caso

José Bretón, 2011 (Policía Nacional). Para el parricida de Córdoba, fue el juez el que les pidió que analizaran desde su perspectiva de expertos en conducta las grabaciones de los interrogatorios en el juicio antes de dictar sentencia. Quería saber cuándo mentía y cuando no.

Pederasta de Ciudad Lineal, 2013 (Policía Nacional). Hicieron un perfil al interrogar a una de las niñas violadas que indicó que el hombre sudaba mucho. Expertos médicos les dijeron que una persona sigue sudando como máximo hasta 30 minutos después de hacer ejercicio. Con ese radio temporal hicieron un círculo en el mapa alrededor del lugar del crimen y les salieron varios gimnasios. “Sabíamos que debía ser uno de barrio” dice Juan Enrique Soto. Sólo quedaba un local con esas características.

Marta del Castillo, 2009 (Policía Nacional). Los perfiladores entraron a trabajar con el sumario ya cerrado pero trabajaron con los fiscales para preparar los interrogatorios del juicio. Y también han colaborado en las diferentes búsquedas del cuerpo de la chica.

Gimnasio de Collado Villalba, 2008 (Guardia Civil). La mujer de la limpieza fue encontrada muerta en este gimnasio. Los criminólogos hicieron un perfil en el que dieron 10 características de las cuales el autor final cumplía nueve. El punto que falló: dedujeron que el asesino debía vivir cerca del lugar del crimen y eso era así pero en el momento de los hechos y no cinco años después, cuando se solicitó su apoyo.

Asesinato en Arriate, 2011 (Guardia Civil). Una niña de 13 años desapareció en este pueblo de Málaga y se encontró su cadáver en una caseta de piscina con el cráneo destrozado. El asesino fue un amigo suyo de 17 años al cual condenaron las evidencias físicas pero los perfiladores dijeron que tenía que ser alguien de su entorno y así interrogaron a los chicos. La pista: tapó la cara de la víctima con un trapo, seguramente para no tener remordimientos de ver a su amiga cadáver. Una señal de conducta clara.

Fuente: www.elmundo.es

Saludos

Mario Meneses

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