Delincuentes encuentran cobijo en la #SeguridadPrivada


 

Seguridad Privada en la calle

* Delincuentes encuentran cobijo en la seguridad privada

* Un día vigilan a quien les paga y al otro lo secuestran

* El negocio representa el uno por ciento del PIB nacional

México se ha convertido en una bomba de tiempo.

Por toda la república están esparcidos 85 mil 439 elementos armados, algunos con consentimiento del Gobierno y otros sin él, que ofrecen el servicio de seguridad privada para quien tiene con qué pagarla.

Son 64 mil 235 personas las que integran el registro de empresas, personal y equipo de seguridad. Cuentan con mil 492 vehículos, mil 858 armas cortas y dos mil 093 armas largas que circulan por la República en manos de impreparados, expolicías, exmilitares, exladrones, exasesinos y todo ese tipo de “fauna humana” que presta sus servicios al mejor postor.

El país se encuentra en un riesgo permanente porque no hay un control estricto, ni siquiera de las personas que portan armas de manera regulada en el ámbito estatal y nacional.

El desorden que priva entre los servicios públicos y privados o “piratas” de seguridad, registraron en los últimos tres años un aumento sustancial de tres mil 900 empresas.

Sin embargo, se calcula que por cada compañía formal, existen una o dos llamadas “simuladoras” que no cuentan con los niveles mínimos para ofrecer un servicio que garantice la seguridad de su cliente, asegura Alberto Rivera Armendariz, de la Asociación Mexicana de Seguridad Privada, Información, Rastreo e Inteligencia Aplicada (AMSIRIA).

Hace cinco años las empresas dedicadas a este rubro no llegaban ni a las 800, pero actualmente sólo de las registradas y controladas por el gobierno, suman tres mil 900.

El riesgo en el que se encuentra la nación está a la vista de todos y, pese a ser tan evidente, todavía no se han tomado acciones claras y definitivas en el Gobierno para tener perfectamente bien circunscritos en la ley la operatividad de estas personas y empresas.

w Antes eran guardaespaldas, ahora son custodios

Muy pocos miembros, por supuesto armados, de las empresas de seguridad cumplen todos los requisitos que deben tener quienes velan por la integridad de otras personas. Hay en ese grupo de “custodios” (antes se les llamaban guardaespaldas o guaruras), con extensos antecedentes penales.

Responsable de que no se exijan certificados de no antecedentes penales, como ocurría antes, es el propio Gobierno que ha dejado de expedirlo, como si estuviésemos viviendo en Suiza, Suecia, Alemania o Noruega y los mexicanos fuesen cumplidores de la ley.

Eran menos peligrosas las guardias blancas del Porfiriato (que ya volveremos a ver en México desgraciadamente) que estos grupos de seguridad y la cantidad enorme de “guardaespaldas” con las que se mueven los gobernantes, políticos y poderosos en México.

La colmena de “vigilantes” no sólo se circunscribe a los miembros del Ejército, la Marina o la Policía Judicial, hay otros grupos como las policías estatales, municipales, autodefensas, la Fuerza Rural y está la seguridad privada. Todos armados.

Sobre este grave problema, tengo una experiencia personal. En 1968, durante una charla que sostuve con don Lázaro Cárdenas, mientras subíamos los escalones hacia los manantiales de Uruapan, Michoacán, me dijo que la recuperación de los recursos energéticos para el Estado era vital para la soberanía de la nación que había sido amenazada por las empresas extranjeras.

El general Cárdenas me hizo hincapié en que los empleados de las compañías extranjeras vivían en sus guetos de lujo, custudiados por guardias blancas (todos mexicanos con mandos extranjeros), que impedían el paso a los mexicanos (incluido al Ejército) y que esas empresas promovían la rebelión armada en contra del gobierno de la República.

Inclusive me dijo que cuando había sido comandante militar de la Huasteca veracruzana, en 1926, tuvo que esperar una hora a que las guardias blancas le flanquearan la entrada a uno de los campos que producían más petróleo que Estados Unidos, como eran los de Cerro Azul y Potrero del Llano.

Ahora esos grupos indebidamente armados que nadie controla, hacen en el país lo que les viene en gana. Impiden el paso en calles, colonias, cachean personas, exigen identificación oficial y, en muchos casos, son auténticos ladrones con placa de empresas privadas, tan nefastos como los todavía miles de policías que con uniforme, placa, garrote y pistola, extorsionan y torturan al pueblo.

w El seguro negocio de la seguridad privada

Este mercado en México representa el uno por ciento del Producto Interno Bruto, que en buen cristiano significa más de ocho mil millones de dólares al año, de acuerdo con cifras del Consejo Nacional de Seguridad Privada.

Otra estimación de ese mismo consejo señala más de 10 mil empresas de seguridad que trabajan en todo el territorio nacional, de las cuales el 80 por ciento no están reguladas o autorizadas. De las dos mil restantes, aproximadamente el 10 por ciento, o sea 200 empresas, cuentan con algún certificado de calidad o aval legal.

Fuera de esas 200 compañías, el resto se expanden sin control, reproduciendo los mismos esquemas de ineficiencia de las corporaciones policiacas del país que ya está más que probado sirven para muy poco.

Es probable que en el universo de empresas irregulares, estén integrando en sus filas a más de 60 mil expolicías de diversas corporaciones federales, estatales y municipales que han sido dados de baja en los últimos cinco años por diversos motivos. Sobre este lumpen armado y capacitado a medias, no hay seguimiento oficial.

En cambio existen grandes expedientes detallando incapacidades físicas, mentales y operativas que les costaron el empleo y que recuperaron irresponsablemente en las empresas “irregulares”.

El personal irregular que se alquila como escoltas, armadas por supuesto, de empresarios que pueden pagarlas o de políticos y gobernantes que se las paga el pueblo, ostentan documentos apócrifos o incompletos.

Puede decirse con seguridad que la sociedad mexicana sigue expuesta al hampa, ya sea la que usa pasamontaña y antifaz o las que usan su placa de seguridad privada.

Este segmento de la seguridad privada le da continuidad a las formas de corrupción e inoperancia que caracterizan a los cuerpos policiacos, que hasta ahora no se han podido unificar en adiestramiento, criterios operativos, sueldos, armamento, coordinación operativa y en el registro puntual de todos sus elementos.

De este sector, surgen los que idean y ejecutan secuestros, asaltos, homicidios y todos los delitos habidos y por haber, porque son gente entrenada para eso.

Y hasta la próxima semana en este mismo espacio.

manuelmejidot@gmail.com

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